vi el sol tan de frente durante tanto tiempo…
quiero tu oscuridad de nuevo, la sombra de tu cuerpo
por un tiempo
por un tiempo
bajo la llovizna de tres días, fina como la seda
la ventana esta cerrada y alguien dice que tus ojos no tienen dueño.
camina sobre el techo descalzo y en cueros. el frío le eriza la piel y su cuerpo tan delgado de hambre y camino se contrae unos segundos.
sigue moviendo adoquines sobre el techo. las manos desnudas reubican la chapa y se incorpora a mirar.
otra ráfaga de viento. desde adentro se escucha el chapotear de los pasos. vuelve a mirar y vuelve a mover. cíclico retomar. hace media hora ya que esta sobre el techo. sigue mirando, sigue moviendo. sus manos no se quejan ya. sigue intentando pero sabe que no importa cuanto las mueva, adentro seguirá haciendo agua.
y no, mis ojos no tienen dueño y hoy llueve, como hace tres días, como mañana, solo tengo las palabras.
a el no le sirven demasiado.
Y veía el pasto pasar rápido, como si el vidrio astillado lo moviera. Casi una tela de araña y suciedad. El café es malo, siempre lo fue, pero tiene otro sabor en ese tren. Suena una cumbia vieja y el mozo de camisa que fue blanca me sonríe a través del humo. Me dice unas palabras y yo río entre pitadas. Cortazar mata a un infeliz con un tigre imaginario y tengo la certeza que nunca voy a escribir así.
Los charros cantan ahora como unicornios, los caballos corren a la orilla del río y el sol nace. Sonrisas borradas por el sueño y rimel apurado se acercan despacio, hablando entre murmullos sobre el ruido constante.
En una esquina a esa chica se le ve el corazón roto a través de la campera. Casi lagrimas sobre el café, mira la ventana sin ver.
Ya pasaron todos los caballos.
Y comenzó lamiendo despacio, tímidamente.
Pero poco a poco las cosas se fueron desdibujando entre el humo y la risa y mi suspiro y tu saliva.
Y resalta mi pie en el pavimento, como un trueno un flash en ese lugar me ilumina y quiero espejo y escaleras y respiro en el oído.
Y perdí el miedo y caí de espaldas y no fue tan malo.
No esperaba más
Ni menos
Hay noches en las que mis uñas quedan marcadas en alguna pared, respirando otros aires. Noches en las que me dejo ir, tentada del demonio y de palabras, ebria la piel y las yemas de mis dedos. Sensible al tacto y al contacto.
Por la reja del balcón veía una estrella, puede ser que fuera como cualquier otra, si, pero brillo mas que el resto a mis ojos. Casi un reflejo. Respire profundo aire de casi verano. El aroma de mi piel no es el mismo y yo sonrío. Y el aire fresco me acaricia suavemente, y la música me llena. Y hay noches, como esta, en las que cierro los ojos y simplemente sonrío.
No se que tan cerca esta de la ventana, ni de donde le da el sol por la mañana. No la roce con mi cuerpo, no clave mis uñas en ella. Las paredes no sintieron las caricias de mis manos, mi suspiro, mi relajo. La almohada no silencio mis gemidos, las sabanas no fueron, no serán, mi vestido. No conozco esa cama, nunca la vi.
Y abrí los ojos y ahí estaba
desnuda como nunca esa mañana
sus manos en reposo, separadas
su pelo en la almohada, despeinada.
La cortina se movía suavemente, podía adivinar el sol del medio día a través de la persiana. El calor todavía no era demasiado, cómodo para esta época del año, ideal casi.
Baje, era hora ya de despertar.
Ahí estaba, mirando por la ventana sin pensar en nada, en casi todo.
Y esa sensación me inundo el cuerpo, lentamente, como el caer de la noche.
Y había visto mil lunas, algunas bellas, de esas de postal de turista enamorado, otras no tanto… y la había visto, noches incansables de suspiro en los labios, de sudor sobre la piel y de verano. De humo y palabras. Pero esta ves no, esta ves solo la humedad.
El aire diferente, de verano que quiere ser, de flores e insectos, espeso.
Y sin querer llego el día, así, sin avisar, sin siquiera una pista.
Desnuda de tristeza, con la certeza en la piel y la mente limpia tomo el primer trago de café. Buen día
Me ahogue, cansada de mi misma, asqueada de mi misma.
Despierto y ahí esta, menos cansada ya, ahogada de vos mismo, hasta cansarme y renacer, hasta cansarte y revivir.
Y así, amanecida y satisfecha, en paz con el diablo y con mi alma, salí a la calle, y el sol luz me baño sin preguntar.
Sonreí. Cada uno de mis poros sonrió.
Pare un taxi, no hacia falta caminar.